En la industria de la salud, la reputación se construye durante décadas y puede ponerse en jaque en cuestión de horas. Un titular malinterpretado, un rumor en redes sociales sobre un efecto adverso o una noticia falsa pueden propagarse con más rapidez que cualquier hallazgo científico.
Ante este escenario, muchas instituciones optan por la cautela extrema: el silencio. Sin embargo, en DECIR sabemos que en una crisis de comunicación, el vacío de información siempre es llenado por el miedo o la especulación.
El costo de la inacción
Imaginemos el lanzamiento de un nuevo tratamiento o el inicio de un estudio clínico de alto perfil. Surge una duda razonable en la opinión pública. Si la institución calla mientras espera «el comité de aprobación», la conversación se traslada a los foros, a los grupos de WhatsApp y a los medios no especializados.
Una mala gestión de crisis no es solo dar una respuesta equivocada, es darla tarde. El retraso institucional es interpretado por la audiencia como falta de transparencia o, peor aún, como admisión de culpa. La historia está llena de lanzamientos prometedores que fracasaron por la incapacidad de sus promotores para gestionar la narrativa ante el primer conflicto.
Cómo proteger la reputación ante la desinformación
Gestionar el riesgo en salud es reaccionar y, sobre todo, prevenir. Para proteger un estudio o una marca institucional frente a las fake news, aplicamos tres pilares fundamentales:
- Monitoreo Activo (listening): no podés apagar un incendio que no ves. Es vital detectar el primer indicio de desinformación antes de que se vuelva viral.
- La voz de autoridad vs. El tecnicismo: ante una crisis, la comunicación debe ser técnica en su sustento pero humana en su entrega. La gente no busca un paper en medio de una crisis, busca seguridad.
- Transparencia proactiva: si hay un desvío o un problema, es mejor que la institución sea la primera en informarlo. Ser dueño de la noticia te permite ser dueño de la explicación.
El rol de DECIR en situaciones críticas
Nuestro enfoque en gestión de riesgos combina el rigor científico con la agilidad comunicacional. Ayudamos a las instituciones a desarrollar manuales de crisis que no duerman en un cajón, sino que sirvan como hojas de ruta reales para actuar con precisión cuando la presión aumenta.
La pregunta no es si surgirá un desafío de comunicación, sino cuándo sucederá y qué tan preparados estaremos para responder sin perder la confianza de nuestros stakeholders.
Liderar en situaciones de alta complejidad
En salud, la confianza es el único activo que no se puede recuperar fácilmente. Liderar la comunicación institucional significa aceptar que la desinformación es un riesgo constante, pero que una respuesta rápida, ética y basada en evidencia es el mejor escudo para proteger la ciencia.
